Los tres cerditos se encuentran un movil

¿cómo influye el uso de los móviles en la educación de nuestros hijos?.
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Los tres cerditos y el lobo feroz

Cuentos clásicos

En el corazón del bosque vivían tres cerditos. Los tres cerditos vivían felices y contentos. aunque el lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse una casa: Cerdito perqueño, que era muy juguetón, decidió hacersela de paja, para acabar pronto y seguir jugando. Cerdito mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él. Cerdito mayor que era más serio y responsable, decidió construirse una casa de ladrillo, robusta y resistente. - Ya veréis lo que hace el lobo con vuestras casas- riñó a sus hermanos mientras éstos se lo pasaban en grande. Cierto día y cuando más tranquilo estaban, apareció el lobo feroz en casa de cerdito menor y cerdito menor salió corriendo a protegerse, pero el lobo en un soplido derribó la casa. El lobo persiguió también al cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y la casita de madera también derribó. Los dos cerditos salieron corriendo a casa de hermano mayor. Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El lobo comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó. Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Los tres hermanos estaban muy contentos y felices porque habían vencido al lobo.

La ratita presumida

La ratita presumida

Había una vez una ratita muy presumida, un día barriendo la puerta de su casa se encontró una moneda de oro.  Después de mucho pensarlo, decidió que se compraría un lazo rojo para ponerlo en su rabito. Al día siguiente, bajó al pueblocon su moneda en el bolsillo. Cuando llegó, pidió al cerdito tendero que le vendiera un trozo de su mejor cinta roja. La compró y volvió a su casa. Al llegar a su casita, se paró frente al espejo y se colocó el lacito en el rabo. Estaba tan bonita, que no podía dejar de mirarse. Salió a la puerta de su casa y enseguida se acercó un gallo y le dijo: - Buenos días, Ratita. ¡Qué guapa que estás hoy! - Gracias, señor Gallo. - ¿Te casarías conmigo? - No lo sé. ¿Y por las noches qué harás? - ¡Quiquiriquí!- respondió el gallo. - Contigo no me puedo casar. Ese ruido me despertaría y no me dejaría dormir Se marchó el gallo malhumorado. En eso llegó el perro: - Pero, nunca me había dado cuenta de lo bonita que eres, Ratita. ¿Te quieres casar conmigo? - Primero dime, ¿cómo haces por las noches? - ¡Guauuu, guauuu! - Contigo no me puedo casar, porque ese ruido me despertaría. Un Ratoncito que vivía junto a la casa de la Ratita, y siempre había estado enamorado de ella, se animó y le dijo: - ¡Buenos días, vecina! Siempre estás hermosa, pero hoy, mucho más. - Muy amable, pero no puedo hablar contigo, estoy muy ocupada. El Ratoncito se marchó cabizbajo. Al rato, pasó el señor Gato, que le dijo: - Buenos días, Ratita. ¡Qué linda que estás. ¿Te quieres casar conmigo? - Tal vez, pero, ¿cómo haces por las noches? - ¡Miauu, miau!- contestó dulcemente el gato. - Contigo me casaré, pues con ese maullido me acariciarás. El día antes de la boda, el Gato invitó a la Ratita para una comida. Mientras el gato preparaba el fuego, la Ratita quiso ayudar y abrió la canasta para sacar la comita. Con sorpresa vio que estaba vacía. - ¿Dónde está la comida?- preguntó la Ratita. - ¡La comida eres tú!- dijo el Gato enseñando sus colmillos. Cuando el gato estaba a punto de comerse a Ratita, apareció Ratoncito, que los había seguido, pues no se fiaba del gato. Tomó un palo encendido de la fogata y lo puso en la cola del gato, que salió huyendo despavorido. La Ratita estaba muy agradecida y el Ratoncito, muy nervioso le dijo: - Ratita, eres la más bonita. ¿Te quieres casar conmigo? - Tal vez, pero, ¿cómo harás por las noches? - ¿Por las noches? Dormir y callar. ¿Qué más? - Entonces, contigo me quiero casar. Así se casaron y fueron muy felices.

El cuento de La lechera

El cuento de la lechera

Cuentos con moraleja

La lechera de Félix M. Samaniego

Llevaba en la cabeza una Lechera el cántaro al mercado con aquella presteza, aquel aire sencillo, aquel agrado, que va diciendo a todo el que lo advierte «¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»

Porque no apetecía más compañía que su pensamiento, que alegre la ofrecía inocentes ideas de contento, marchaba sola la feliz Lechera, y decía entre sí de esta manera:

«Esta leche vendida, en limpio me dará tanto dinero, y con esta partida un canasto de huevos comprar quiero, para sacar cien pollos, que al estío me rodeen cantando el pío, pío.

»Del importe logrado de tanto pollo mercaré un cochino; con bellota, salvado, berza, castaña engordará sin tino, tanto, que puede ser que yo consiga ver cómo se le arrastra la barriga.

»Llevarélo al mercado, sacaré de él sin duda buen dinero; compraré de contado una robusta vaca y un ternero, que salte y corra toda la campaña, hasta el monte cercano a la cabaña».

Con este pensamiento enajenada, brinca de manera que a su salto violento el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera! ¡Qué compasión! Adiós leche, dinero, huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía! ¡Qué palacios fabricas en el viento! Modera tu alegría, no sea que saltando de contento, al contemplar dichosa tu mudanza, quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa de mejor o más próspera fortuna, que vivirás ansiosa sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro; mira que ni el presente está seguro.

 

Moraleja del cuento

¿Qué opinas del mensaje de este cuento? 

Nos está diciendo que es mejor no soñar un futuro próspero, porque todo se puede venir abajo, por ese motivo en el video hemos querido cambiar el final,  remarcando el mensaje a los niños que siempre hay que intentar levantarse cuando uno se cae.